Elegí el título de este post basado en una película argentina de todo mi agrado (cosa rara para mí considerando el cine argentino), por lo que seguramente quienes entienden un poco de lunfardo van a coincidir tras leer esto.
Quise traer a colación esta diatriba, con ocasión de mis primeros 25 años como licenciado en informática (sí, ese manuscrito es un extracto de mi título profesional, emitido con fecha 22-08-2000 e impreso sobre cuero de vaca según los que saben). Aquel cuasi-imberbe mozuelo de entonces 22 añitos, tuvo que presentar su defensa de tesis con una férula en abril del mismo año, por andar jugando al fútbol rápido como se llamaba en esa época ⚽… pero bueno, no quiero desviarme más.
En muchos casos, esta carrera (tan breve) si bien es cierto puede ser muy rentable, con el paso de unos años se transforma en una carrera que se auto-obsolesce. Dejo a los historiadores la tarea de descubrir qué otro huevón automatiza el trabajo propio hasta el punto de hacerse irrelevante.
Y si bien es cierto que el progreso es imparable y el capital decide cuáles son las prioridades, ¡no deja de incomodarme el hecho de que para todos los problemas actualmente la solución sea alguna aplicación verborreica de la inteligencia artificial! 🦜 Solo han sido 25 años desde el año 2000 (mi año de salida al mundo laboral) hasta el presente, y en la profesión he tenido mis momentos estelares y uno que otro bajón memorable, pero siempre había sido en ciertas condiciones de igualdad, es decir de un humano v.s. otro. En esta nueva era sin embargo, nada está escrito y el pragmatismo de los algoritmos prima antes que saber quién está al otro lado de una aplicación para cierta vacante. Nos hemos hecho totalmente irrelevantes como individuos y nos estamos reduciendo simplemente a métricas, estadísticas, e indicadores clave de desempeño.
En nombre de la eficiencia algorítmica, del resultado trimestral, rebajamos nuestra humanidad y nuestra dignidad para aceptar trabajos precarios y anónimos, donde somos un mero número y una estadística en el mejor de los casos.
En esta nueva era, de nada sirven ya ni los doctorados ni los grados académicos, ni los años de experiencia: por el contrario, pueden ser un lastre para quienes llevamos más de 20 años en la industria. Mucho menos son útiles la recomendaciones (o referencias): solo cuenta qué sabes hacer siempre que lo hagas callado, y ajustado al molde previamente definido en una plantilla de excel de algún genio quien solo pretende hacer más rico a su patrón. Como esa cretina de Lucy Guo (o como chucha se llame) y su socio, que dice que hay que trabajar 70 horas a la semana y que si buscas un trabajo de 9 a 5, ¡no estás en el lugar adecuado! (Sí, ella lo dijo y varios medios lo replicaron, a saber si con admiración o con desprecio). Ya la quiero ver la gil cuando llegue a los 75 años y pretenda mantener ese ritmo de trabajo… lo más seguro es que mucho antes ya no necesite trabajar, porque entonces ya habrá vendido su alma y su empresa a otros con más dinero que ella. Todo esto a costa de los riñones, del esfuerzo y el estrés de toda una partida de esclavos, minions que trabajan(trabajamos) para el faraón a cambio de unos cuantos dolaritos (o ¥s) por hora.
Y sí bien no pienso que nos deben regalar dinero (aunque si me encuentro incapacitado para cubrir mis necesidades, gustoso lo acepto), tampoco creo que debemos regalar el fruto de nuestro esfuerzo… de lo que vale realmente un trabajo. Solo digo que cuando te ponen en un molde y te encasillan dentro del mismo para resolver problemas complejos y abstractos -como a menudo se presenta al desarrollar software-, cuando te encasillan en dicho molde con un temporizador predefinido, con una respuesta más o menos prefabricada para que una entidad abstracta identifique los patrones que estadísticamente son más plausibles de llegar a la respuesta “adecuada”, cuando todo eso se racionaliza al límite, uno queda vacío, queda alienado de toda inventiva, de todo ingenio y solamente termina siendo un sirviente (sin demeritar a aquellos que sirven por pura vocación, pero tengo mis serias dudas que exista alguien así medianamente cuerdo).
Mi anillo de graduación con un robot programando en una computadora… qué profético…Fue Karel (y mas bien, Josef) Capek quien introdujo al mundo el concepto de robot -otra palabra para sirviente-, que será (eventualmente en hordas) el que siga sirviendo al Gran Capital, y en el camino deje desempleados a miles y miles (por lo bajo) en el corto y mediano plazos. Eso de reinventarse como profesional yo lo tendré que llamar sobrevivir.
Es humano errar, y también es íntima- e intrínsecamente lo que nos da esencia… quizá muchos de nuestros grandes descubrimientos y nuestros grandes aciertos han sido producto de la serendipia, de la chance, de la (buena o mala) suerte… y eso justamente lo que nos hace profundamente humanos. Vivir en un mundo 100% predecible, en un mundo totalmente calculado, es un mundo sin sentido.
Queda por escribirse si llegué o no a completar otros 25 años en esta vocación, que tan solo en una generación ha pasado del estrellato (el software se está comiendo al mundo ) a ser un desastre. Lo tenía que decir y lo dije…
ps. Intencionalmente he decidido ignorar las “recomendaciones” de los positivistas de esos que sobran y no aceptan otras expresiones. Aqui la muestra:
parrot bullshit
