Hoy solo han venido solo dos alumnos a última hora. Es la semana antes de las vacaciones así que he estado de charleta con ellos y me han estado contando sus ligoteos con sus amigas.
Primero, me ha gustado comprobar que son tan sanotes y buena gente como aparentan, sin un átomo de toxicidad manosférica.
Luego he flipado con el refinamiento de sus usos amorosos con el Instagram y el smartphone en general.
Más allá de la crítica a esos canales que aquí todos compartimos, joer, es digno de admirar toda la complejidad semiótica de su forma de usar memes, reels, notas y canciones para enriquecer sus mensajes y darles capas sutiles y sugerentes, ideales para los jueguitos de seducción adolescente.
Uno de ellos hace trap. Su aspiración es crear una canción que contenga unos versos que los chavales usen para mandárselos a sus roneos y romances.
He entendido de golpe el 90% de la música que hoy más pega.
En verdad, es el mismo juego de siempre, pero con un costumbrismo renovado.