Post #4243216
2026-07-30 11:58 UTC
:stargif: 𝑬𝒍 𝒗𝒆𝒓𝒅𝒂𝒅𝒆𝒓𝒐 𝒇𝒊𝒏𝒂𝒍 𝒅𝒆 𝑶𝒅𝒊𝒔𝒆𝒐: 𝒆𝒍 𝒅𝒆𝒔𝒕𝒊𝒏𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝑯𝒐𝒎𝒆𝒓𝒐 𝒏𝒖𝒏𝒄𝒂 𝒄𝒐𝒏𝒕𝒐́ :stargif:
/𝘈𝘯𝘵𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘦𝘮𝘱𝘦𝘻𝘢𝘳, 𝘤𝘰𝘯𝘷𝘪𝘦𝘯𝘦 𝘳𝘦𝘤𝘰𝘳𝘥𝘢𝘳 𝘲𝘶𝘦 𝘵𝘰𝘥𝘰 𝘭𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘷𝘪𝘦𝘯𝘦 𝘢 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘪𝘯𝘶𝘢𝘤𝘪𝘰́𝘯 𝘱𝘦𝘳𝘵𝘦𝘯𝘦𝘤𝘦 𝘢 𝘭𝘢 𝘮𝘪𝘵𝘰𝘭𝘰𝘨𝘪́𝘢 𝘨𝘳𝘪𝘦𝘨𝘢.
𝘕𝘰 𝘴𝘰𝘯 𝘩𝘦𝘤𝘩𝘰𝘴 𝘩𝘪𝘴𝘵𝘰́𝘳𝘪𝘤𝘰𝘴, 𝘴𝘪𝘯𝘰 𝘳𝘦𝘭𝘢𝘵𝘰𝘴 𝘭𝘦𝘨𝘦𝘯𝘥𝘢𝘳𝘪𝘰𝘴 𝘵𝘳𝘢𝘯𝘴𝘮𝘪𝘵𝘪𝘥𝘰𝘴 𝘱𝘰𝘳 𝘭𝘰𝘴 𝘢𝘯𝘵𝘪𝘨𝘶𝘰𝘴 𝘱𝘰𝘦𝘵𝘢𝘴.
𝘓𝘢 𝘮𝘢𝘺𝘰𝘳 𝘱𝘢𝘳𝘵𝘦 𝘱𝘳𝘰𝘤𝘦𝘥𝘦 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘛𝘦𝘭𝘦𝘨𝘰𝘯𝘪́𝘢, 𝘶𝘯 𝘱𝘰𝘦𝘮𝘢 𝘩𝘰𝘺 𝘱𝘦𝘳𝘥𝘪𝘥𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘪𝘯𝘶𝘢𝘣𝘢 𝘭𝘢 𝘩𝘪𝘴𝘵𝘰𝘳𝘪𝘢 𝘥𝘦 𝘖𝘥𝘪𝘴𝘦𝘰 𝘵𝘳𝘢𝘴 𝘦𝘭 𝘧𝘪𝘯𝘢𝘭 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘖𝘥𝘪𝘴𝘦𝘢./
La mayoría conocemos el final de la Odisea: Odiseo (Ulises para los romanos) regresa por fin a Ítaca tras veinte años de ausencia, derrota a los pretendientes que acosaban a su esposa Penélope y recupera su trono.
Con la ayuda de la diosa Atenea, la paz parece volver a la isla.
Pero esa no fue la última página de su historia.
Lo que muy poca gente sabe es que la mitología griega continuó narrando el destino del héroe en una obra hoy perdida llamada la Telegonía, atribuida a Eugamón de Cirene.
Solo conocemos su contenido gracias a resúmenes y referencias de autores posteriores, pero lo que cuentan supera en tragedia a la propia Odisea.
Y, desde luego, el final feliz nunca existió.
Tras la matanza de los más de cien pretendientes que habían ocupado su palacio durante años, parecía que todo había terminado.
Sin embargo, las familias de aquellos hombres exigieron justicia.
Para ellos, Odiseo no era un héroe que había recuperado su hogar, sino un rey que había ejecutado a buena parte de la nobleza de Ítaca.
Para evitar una guerra civil, el conflicto se sometió a arbitraje.
El encargado de decidir el castigo fue Neoptólemo, hijo del legendario Aquiles, famoso por su dureza durante la guerra de Troya.
Su decisión fue salomónica.
Odiseo debía abandonar Ítaca durante un tiempo —algunas versiones hablan incluso de un destierro permanente— y parte de sus bienes servirían para indemnizar a las familias de los pretendientes muertos.
Así, el hombre que había sobrevivido a cíclopes, sirenas y monstruos terminó marchándose de su propio reino.
Durante su descenso al Inframundo, años antes, el adivino Tiresias ya le había advertido de que, si quería librarse definitivamente de la ira de Poseidón, tendría que realizar un último viaje.
La misión era extraña.
Debía caminar tierra adentro llevando un remo al hombro hasta encontrar personas que nunca hubieran visto el mar.
¿Cómo reconocería ese lugar?
Cuando alguien confundiera el remo con un simple bieldo para aventar el grano.
Y eso fue exactamente lo que ocurrió.
Odiseo llegó a una región del interior —generalmente identificada con Tesprotia o el Epiro— donde un campesino le preguntó por qué llevaba aquella herramienta agrícola sobre el hombro.
Comprendió entonces que había llegado al lugar anunciado por Tiresias.
Clavó el remo en el suelo y sacrificó un carnero, un toro y un verraco en honor a Poseidón.
Después de tantos años, el dios del mar parecía haber aceptado finalmente las disculpas del hombre que había dejado ciego a su hijo, el cíclope Polifemo.
Lejos de Ítaca, Odiseo comenzó una nueva vida.
Conoció a Calídice, reina de Tesprotia, con quien acabó casándose.
La tranquilidad tampoco duró demasiado.
Las fuentes cuentan que terminó liderando el ejército de Tesprotia en una guerra contra los brihios.
Incluso los dioses volvieron a intervenir en el combate: Ares apoyó a un bando mientras Atenea protegía al otro.
Durante aquel matrimonio nació Polipetes, heredero del reino.
Cuando Calídice murió, Odiseo dejó el trono en manos de su hijo y decidió regresar definitivamente a Ítaca.
Pensaba que, por fin, la aventura había terminado.
Se equivocaba.
Muchos años antes, durante sus viajes, Odiseo había vivido una apasionada historia con la hechicera Circe, la poderosa maga que transformaba hombres en animales.
De aquella relación había nacido un hijo del que Odiseo nunca llegó a saber nada.
Su nombre era Telégono.
Cuando alcanzó la edad adulta, Circe le reveló quién era su verdadero padre y lo envió a encontrarlo.
Pero no partió desarmado.
Le entregó una lanza extraordinaria.
El arma que venía del mar
La lanza había sido forjada por Hefesto, dios del fuego y de la forja.
Su asta era de bronce, pero lo realmente extraordinario era la punta.
No estaba hecha de metal.
Era la espina venenosa de una enorme raya látigo (Dasyatis pastinaca).
Los griegos consideraban que aquel veneno era uno de los más terribles de la naturaleza.
Se decía incluso que podía marchitar plantas y corromper la tierra.
Sin saberlo, Telégono llevaba en sus manos el arma destinada a cumplir una antigua profecía.
Cuando Telégono llegó a Ítaca, una tormenta había dejado sin provisiones a su tripulación.
Desesperados, comenzaron a llevarse ganado de la isla para alimentarse.
Odiseo y su hijo Telémaco, creyendo que se trataba de piratas, acudieron inmediatamente a defender sus tierras.
En mitad del combate, padre e hijo se enfrentaron sin conocerse.
Telégono atravesó a Odiseo con la lanza.
La espina de raya se rompió dentro de la herida y el veneno empezó a extenderse lentamente por su cuerpo.
SIGUE ↘️
Replies (0)
No replies.