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@JanaDelBosco@masto.es

Post #3813731

2026-07-14 14:25 UTC

Hay un problema y es que el término “cultura“ tiene un bagaje clasista importante en su polisemia. Llamamos “nivel cultural“ a la cantidad de habilidades y conocimientos estipulados por una sociedad dominada por una clase alta. Por ejemplo, tienes un “alto nivel cultural“ si conoces muchas referencias artísticas y clásicas, manejas la geografía política mundial, tienes unos conocimientos científicos básicos, y además conoces la historia de los Grandes Hechos de tu país y de Europa+EE.UU. (la mal llamada “Historia Universal“). Da igual que no seas capaz de identificar una hierba con la que hacer una infusión para la indigestión (y prepararla), que no sepas orientarte en un bosque o en el monte, que no sepas prender un fuego y cocinarte algo en él, o que desconozcas qué arroyos hay en tu zona y qué criaturas viven en sus alrededores. En cambio, si sabes hacer todas esas cosas pero no sabes leer, tu “nivel cultural“ se diría que es bajo. Ahora bien, cultura es *todo* lo que hacemos los seres humanos, y conocimiento, como tal, también. En este sentido, nadie tiene "más" o "menos" cultura, sino que pertenece a una u otra cultura o bien ocupa un lugar u otro dentro de una cultura. Es por esta razón que hay cierto clasismo inherente al decir de una persona que tiene tal o cual nivel cultural —aunque sea una expresión tan habitual—, o que la función de la escuela es proporcionar cultura. La escuela proporciona *una determinada* forma de incorporar *una determinada* cultura. En consecuencia, la escuela sí impone una jerarquía de saberes y habilidades inevitablemente vinculada al clasismo (y más). Es cierto, por otro lado, que para tener oportunidades dentro de una cultura hay que tener ciertas habilidades o conocimientos propios de esa cultura, o de lo contrario se vive al margen y en desventaja. Es en este sentido que decimos que la educación formal “abre oportunidades“ a quienes, de lo contrario, no las tendrían. 1/

Replies (1)

  • @JanaDelBosco@masto.es 2026-07-14 14:38

    Esta es la tensión inherente a la educación formal, y es la tensión política que quienes trabajamos en ella tenemos que reconocer y asumir. No dejamos de ser funcionarios, agentes de un sistema, no desempeñamos nuestra labor en el aire. No, claro que no estamos en el mismo plano que los policías, pero aun así cumplimos funciones disciplinarias y el clima en el que nos movemos (y nos formamos) está teñido de racismo (especialmente antigitano), clasismo y, sí, machismo. Pese a todo el discurso igualitario y pro-inclusión, que son mucho más una meta que un logro. Yo soy profesora de filosofía y me propongo abrir la mente de mis alumnos, transmitirles valores, alimentar su pensamiento crítico... Pero la filosofía sigue siendo una disciplina producto de una historia de clasismo, machismo, racismo y eurocentrismo. Tengo un determinado currículo que cumplir y una determinada formación, puedo recordarles a mis alumnos que no solo los hombres blancos cristianos (o grecorromanos) han reflexionado sobre los temas fundamentales de la humanidad. Pero, al salir del Bachillerato, van a asociar la filosofía a Kant y a Platón, no a la tradición oral transmitida en el cante, ni a las sabidurías entremezcladas de espiritualidad y religión, ni al pensamiento indígena de los pueblos americanos, oceánicos y africanos, y ni tan siquiera a las mujeres y personas LGBT+ que han cuestionado el sistema patriarcal y homófobo. Y así con tantas, tantas otras cosas en cada asignatura. Seamos autocríticos. Defender la “cultura“ y el “conocimiento“ en un clima filofascista que busca erosionar los logros obtenidos mediante la cooperación científica, la libertad creativa y el pensamiento crítico es crucial, y la escuela es una trinchera desde la que combatir su ofensiva anti-intelectual. Aun así... Creo que debemos ser autocríticos y mantener los pies en la tierra con respecto al lugar que ocupamos. 2/

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