Post #3813731
2026-07-14 14:25 UTC
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@JanaDelBosco@masto.es 2026-07-14 14:38
Esta es la tensión inherente a la educación formal, y es la tensión política que quienes trabajamos en ella tenemos que reconocer y asumir. No dejamos de ser funcionarios, agentes de un sistema, no desempeñamos nuestra labor en el aire. No, claro que no estamos en el mismo plano que los policías, pero aun así cumplimos funciones disciplinarias y el clima en el que nos movemos (y nos formamos) está teñido de racismo (especialmente antigitano), clasismo y, sí, machismo. Pese a todo el discurso igualitario y pro-inclusión, que son mucho más una meta que un logro. Yo soy profesora de filosofía y me propongo abrir la mente de mis alumnos, transmitirles valores, alimentar su pensamiento crítico... Pero la filosofía sigue siendo una disciplina producto de una historia de clasismo, machismo, racismo y eurocentrismo. Tengo un determinado currículo que cumplir y una determinada formación, puedo recordarles a mis alumnos que no solo los hombres blancos cristianos (o grecorromanos) han reflexionado sobre los temas fundamentales de la humanidad. Pero, al salir del Bachillerato, van a asociar la filosofía a Kant y a Platón, no a la tradición oral transmitida en el cante, ni a las sabidurías entremezcladas de espiritualidad y religión, ni al pensamiento indígena de los pueblos americanos, oceánicos y africanos, y ni tan siquiera a las mujeres y personas LGBT+ que han cuestionado el sistema patriarcal y homófobo. Y así con tantas, tantas otras cosas en cada asignatura. Seamos autocríticos. Defender la “cultura“ y el “conocimiento“ en un clima filofascista que busca erosionar los logros obtenidos mediante la cooperación científica, la libertad creativa y el pensamiento crítico es crucial, y la escuela es una trinchera desde la que combatir su ofensiva anti-intelectual. Aun así... Creo que debemos ser autocríticos y mantener los pies en la tierra con respecto al lugar que ocupamos. 2/