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@austra_lopiteco@ursal.zone

Post #3411251

2026-06-26 09:00 UTC

Desde la caída de la Unión Soviética, Estados Unidos no era simplemente la principal potencia militar, económica y tecnológica del planeta. Era el árbitro final del sistema internacional. Podía cometer errores. Podía fracasar. Podía empantanarse. Pero conservaba una capacidad que ninguna otra nación poseía: imponer finalmente el resultado político de los conflictos que decidía librar. El mundo nacido en 1991 descansaba sobre esa convicción: Que la superioridad militar occidental podía transformarse, tarde o temprano, en superioridad política. La Guerra del Golfo pareció demostrarlo. Los Balcanes parecieron confirmarlo. Las invasiones de Afganistán e Irak parecieron consolidarlo. La caída de Muamar Gadafi en Libia pareció convertirlo en una verdad permanente. La fuerza generaba obediencia. La obediencia generaba estabilidad. Y la estabilidad terminaba legitimando la fuerza. Era una ecuación aparentemente perfecta. Hasta que la realidad comenzó a presentar la cuenta. Estados Unidos ganó la guerra contra Irak. Pero perdió el control de Irak. Ganó la guerra contra Afganistán. Pero terminó abandonando Afganistán. Destruyó Libia. Pero no logró construir sobre sus ruinas. Lo que comenzó a erosionarse no fue la capacidad de destruir. Fue la capacidad de ordenar. @sudamericano@mastodon.social https://mastodon.social/@sudamericano/116815144761365660

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