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@guillermouria@mastodon.uy

Post #3097443

2026-06-04 13:59 UTC

1 de 2 En estos días un montón de gente está discutiendo si la camioneta Sí, si la camioneta No. También algunas personas se zafan de esa discusión y se ponen a discutir que hay un trasfondo para la discusión. Algunos señalan, y no están del todo errados, que hay un proyecto de la derecha de desacreditar a cualquier persona que esté en el contexto de la izquierda, máximo si fuera el presidente. Hay otras personas que se ponen a hacer consideraciones éticas sobre las donaciones de campaña, y si son para la fuerza política o si son para el candidato, y hasta qué punto es o no éticamente correcto apropiarse del resultado del trabajo ajeno. Alguna cosa de interés también hay en esa postura. Pero esa es una postura principista, y a mí los principios no me gustan. Vamos a aclarar un poquito esto primero. Un principio puede ser un cierto tipo de afirmación que uno realiza al respecto de algo sobre lo que va a basar su conducta, después de un análisis materialista de la realidad política, —y en ese caso es algo muy bueno, como cuando por ejemplo decimos que debe haber juicio y castigo para los culpables de violación a los derechos humanos—, pero más corrientemente un principio es una postulación idealista sobre lo que debería ser, basado en cualquier tipo de suposiciones sin una base material clara. Los principios trazados de esa manera a veces le embocan de la misma manera que un reloj parado, dos veces al día, indica la hora exacta. Pero el resto del día los principios de ese tipo son un penal. De eso es de lo que estoy hablando, cuando digo que no me gustan las posturas principistas. Y no me gustan porque, sobre todo, uno puede analizar qué es lo que hay atrás, puede analizar cuál es la realidad material, y tratar de sacar alguna conclusión al respecto. La primera conclusión es que las campañas políticas dependen excesivamente de las donaciones de gente que tiene mucho dinero para donar. Debería existir una ley precisa que no permitiese campañas en base a ningún tipo de donación de dinero. Toda campaña debiera ser estrictamente financiada por el estado [Estado] en igualdad de condiciones para cada partido. Todos los trucos publicitarios, los manejos de marketing, los manejos de llamadas con noticias falsas deberían estar penados sin excarcelación y con una promesa de larga condena por delito de lesa democracia. La segunda conclusión es que, al no existir tal tipo de regulación, comienza a confundirse lo que es éticamente aceptable con lo que es legalmente aceptable. Si yo voy por ahí y me encuentro con algo tirado en la mitad de la calle, digamos un billete de $200, y no hay ninguna persona alrededor que pueda ser el dueño del billete, es éticamente aceptable que me lo quede. Pero si yo voy por ahí y encuentro un billete de $200 tirado y veo que hay una gente que está entrando con bolsas en una casa, debería suponer por lo menos que es posible que se les haya caído ese dinero. Antes de quedarme con él, me parece que lo ético, sería preguntarles si por casualidad no han perdido dinero. Y si ven que lo han perdido, mi deber ético sería devolver esos $200 y no esperar nada a cambio excepto una sonrisa. Pero cuando nos creemos que lo que es legal es ético, vamos a pensar que en el segundo caso es totalmente ético que me haya quedado con los $200 porque el billete es un valor al portador. Legalmente no hiciste nada malo muchacho; éticamente, etcétera. Entonces a mí me decepciona lo que el presidente predica como explicación. Porque no es aceptable que las campañas dependan de donaciones importantes, no es aceptable que la izquierda se comporte como si fuera la derecha, no es aceptable confundir la legalidad con la ética, no es aceptable confundir una ética principista —en el sentido negativo del principismo que ya expliqué— con una ética basada en un análisis de la realidad material. Claro está que yo hace muchísimos años vengo diciendo a los cuatro vientos que el MPP es simplemente un movimiento social demócrata. Pero mientras tuvo por allá encima a Mujica, -que nunca fue persona de mi devoción-, por lo menos tenía en el encabezado a alguien que no se había olvidado del todo de lo que era ser parte del pueblo. Yo no sé si Orsi se olvidó, o si su mente genera racionalizaciones que le permiten creer que sigue siendo parte de él. También puede que el equivocado sea yo en este sentido, que voy a explicar ahora. Muchísima gente, tanta que explica por qué la publicidad creada de ese modo es efectiva, actúa como si el objetivo de su vida fuera no otro que tener una linda casa, un lindo auto, un lindo conjunto de muebles y electrodomésticos, y si es posible una casita en la playa. No se me ocurre de ninguna manera una imagen más similar al infierno que esa cosmovisión. (Sigue)

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