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@ecosdelpasado@tkz.one

Post #1913754

2026-05-03 11:56 UTC

:stargif: 𝑱𝒆𝒓𝒋𝒆𝒔 𝑰: 𝒑𝒐𝒅𝒆𝒓, 𝒈𝒖𝒆𝒓𝒓𝒂 𝒚 𝒖𝒏𝒂 𝒄𝒐𝒓𝒕𝒆 𝒍𝒍𝒆𝒏𝒂 𝒅𝒆 𝒔𝒐𝒎𝒃𝒓𝒂𝒔 :stargif: Jerjes I (519–465 a.C.), conocido como “El Grande” y el famoso “Rey de Reyes”, fue el cuarto monarca del Imperio aqueménida de Persia. En Occidente suele quedarse en la imagen exagerada del cine, casi como un personaje de fantasía, pero su historia real es bastante más densa… y bastante más incómoda. Para empezar, no llegó al trono por casualidad. Era hijo de Darío I y de Atosa, que no era cualquiera: era hija de Ciro el Grande, el fundador del imperio. Ese detalle pesaba mucho. Aunque Jerjes no era el primogénito, fue elegido como sucesor porque tenía esa “sangre directa” que reforzaba la legitimidad de la dinastía. Subió al poder tras la muerte de su padre en el 486 a.C., con unos 32-36 años. Una vez rey, heredó también un problema sin resolver: la derrota persa en Maratón. Aquello no se olvidaba. Así que Jerjes se propuso lo que su padre no había logrado: someter a Grecia. En el 480 a.C. llegó uno de los episodios más conocidos: las Termópilas. Allí venció al rey espartano Leónidas y sus 300 hombres tras una resistencia que se volvió legendaria. Eso le abrió el camino para avanzar y saquear Atenas. Hasta ahí, parecía imparable. Pero el golpe duro vino después. En la batalla naval de Salamina, la flota persa fue destrozada por la estrategia griega. Aquello no fue solo una derrota militar, fue un golpe moral. Jerjes decidió retirarse a Persia y dejó a su general Mardonio al mando, que acabaría siendo derrotado en Platea. El gran proyecto de conquista se venía abajo. Luego está su imagen personal, que es donde la cosa se complica. Mucho de lo que sabemos viene de historiadores griegos como Heródoto, que no eran precisamente neutrales. Lo pintan como un tirano arrogante, excesivo, entregado al lujo y a los placeres. ¿Cuánto hay de propaganda? Difícil saberlo, pero algunas historias son demasiado llamativas para ignorarlas. Una de las más famosas es la del “castigo al mar”. Cuando una tormenta destruyó el puente que había mandado construir sobre el Helesponto, Jerjes ordenó azotar el agua con 300 latigazos y lanzar cadenas al mar, como si pudiera someter a la naturaleza. Suena absurdo hoy, pero refleja cómo se entendía el poder absoluto en aquel momento. También aparece en la tradición bíblica. Se le suele identificar con el rey Asuero del Libro de Ester. Según ese relato, repudió a la reina Vasti y se casó con Ester, una mujer judía. Sin embargo, los registros históricos persas no mencionan a Ester, y la mayoría de historiadores cree que es una narración más teológica o literaria que un hecho comprobado. La esposa oficial que sí aparece en fuentes es Amestris. Y aquí empieza la parte más oscura de la historia. Jerjes, a diferencia de su padre, mantuvo oficialmente a una sola reina principal: Amestris, hija del noble Ótanes. Pero eso no significa que su vida familiar fuera tranquila. Todo lo contrario. Las fuentes la describen como una mujer extremadamente cruel y celosa, capaz de actos brutales: desde sacrificios humanos enterrando niños vivos hasta mutilaciones salvajes por venganza. Con Amestris tuvo varios hijos que marcarían el futuro del imperio: Darío, el primogénito y heredero; Histaspes, el segundo; y Artajerjes I, el tercero, que acabaría reinando durante 41 años. También tuvo hijas como Amitis y Rodoguna, utilizadas en matrimonios políticos para reforzar alianzas. Amitis, de hecho, tuvo bastante influencia en la corte de su hermano. Tras el asesinato de Jerjes, todo se volvió aún más turbio: Darío fue acusado falsamente de matar a su padre y ejecutado por su propio hermano; Histaspes murió poco después, probablemente en las purgas internas; y Artajerjes sobrevivió, eliminó a los conspiradores y se hizo con el trono. Pero si hay un episodio que resume bien el nivel de intriga y violencia en la corte persa es el famoso triángulo entre Jerjes, Artaínta y Amestris. Todo empezó cuando Jerjes se encaprichó de la esposa de su propio hermano, Masistes. Ella lo rechazó. Así que Jerjes hizo algo retorcido: casó a su hijo Darío con la hija de esa mujer, Artaínta, para tenerla cerca. El plan le salió… pero no como esperaba. En lugar de seguir obsesionado con la madre, acabó enamorándose de su propia nuera, Artaínta. Ahí entra el detalle que lo desencadena todo: el manto real. Amestris había tejido para Jerjes una prenda especial. En un momento de pasión, Jerjes prometió a Artaínta darle lo que quisiera. Ella pidió el manto. Él sabía perfectamente que ese regalo lo delataría, intentó ofrecerle ciudades, riquezas… lo que fuera. Pero ella insistió. Y al final, cedió. Cuando Amestris vio a Artaínta con el manto, entendió todo. SIGUE ↘️

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